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domingo, 12 de diciembre de 2010

martes, 23 de noviembre de 2010

Nietzsche: a los que desprecian el cuerpo

"On the Despisers of the Body":
one not speak like children? But the awakened and knowing say: body am I entirely, and nothing else; and soul is only a word for something about the body. The body is a great reason, a plurality with one sense, a war and a peace, a herd and a shepherd. An instrument of your body is also your little reason, my brother, which you call "spirit"--a little instrument and toy of your great reason. . . . Behind your thoughts and feelings, my brother, there stands a mighty ruler, an unknown sage--whose name is self. In your body he dwells; he is your body. There is more reason in your body than in your best wisdom. [Kauffman translation, 1954, p.146]
  A los que desprecian el cuerpo quiero dirigirles mi palabra. No deben aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan sólo decir adiós a su propio cuerpo, y enmudecer. 
 
 «Cuerpo soy yo y alma» –así hablaba el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños?... Pero el despierto, el sabio, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo. 
 
El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, a la que llamas «espíritu», un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón. [Por eso] dices «yo» y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún, en la que tú no quieres creer, tu cuerpo y su gran razón, ésa [parte] no dice yo, pero hace yo. 
 
Lo que el sentido siente, lo que el espíritu conoce, eso nunca tiene dentro de sí su término. Pero sentido y espíritu querrían persuadirte de que ellos son el término de todas las cosas, [pues] tan vanidosos son… [Pero] instrumentos y juguetes son el sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el si-mismo
 
El sí-mismo busca también con los ojos de los sentidos, escucha también con los oídos del espíritu. El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, subyuga, conquista, destruye. Él domina y es también el dominador del yo.
 
Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido –llamase sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo. [Por eso] Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría? Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. «¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensamiento? –se dice. Un rodeo hacia mi meta. Yo soy las andaderas del yo y el apuntador de sus conceptos». El sí-mismo dice al yo: «¡Siente dolor aquí!» Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo dejar de sufrir –y justo para ello debe pensar. El sí-mismo dice al yo: «¡Siente placer aquí!» Y el yo se alegra y reflexiona sobre cómo seguir gozando a menudo –y justo para ello debe pensar.
 
A los despreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Su despreciar constituye su apreciar. ¿Qué es lo que creó el apreciar y el despreciar, y el valor y la voluntad? El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad...
 
Incluso en la tontería y el desprecio de ustedes, despreciadores del cuerpo, son esclavos de su sí-mismo. –Yo les digo… también su sí-mismo quiere morir y se aparta de la vida. Ya no es capaz de hacer lo que más quiere: crear por encima de sí. Eso es lo que más quiere, ese es todo su ardiente deseo. Para hacer esto, sin embargo, es ya demasiado tarde para él: por eso es que sí-mismo de ustedes quiere hundirse en su ocaso, despreciadores del cuerpo. ¡Hundirse en su ocaso quiere su sí-mismo, y por ello se convierten ustedes en despreciadores del cuerpo! Pues ya no son capaces de crear por encima de ustedes [mismos]. Y por eso se enojan ahora contra la vida y contra la tierra. Una inconsciente envidia hay en la oblicua mirada de su desprecio.
 
¡Yo no voy por el camino de ustedes, despreciadores del cuerpo, [porque] ustedes no son para mí [un] puente hacía el superhombre!... 

    DE LOS DESPRECIADORES DEL CUERPO.

Así habló Zarathustra.(Libro I, año 1882)

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